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Misionero dominico. Nació en el barrio de Yermo del municipio
de Cartes, al norte de la provincia de Cantabria. Como era práctica habitual por aquellos tiempos, debió entrar
muy joven en el convento de Las Caldas de Besaya de
gran arraigo entre los devotos de la región. Ingresaría como fámulo,
realizando pequeños servicios a la Comunidad, mientras recibía formación
religiosa y humana y posiblemente fue allí donde decidiría continuar su
vocación religiosa. El convento donde ingresó había sido anteriormente una pequeña
y sencilla ermita medieval que
guardaba la imagen de la Virgen, junto al río y a un manantial de aguas
termales (aguas cálidas), de donde procede su nombre: aquas
caldas. En el año 1605 se hicieron cargo de la ermita los dominicos del
convento "Regina Coeli" de Santillana del Mar, hasta que en 1611 se convirtió en
convento independiente, regido por vicarios nombrados por los capítulos
provinciales. Su época de esplendor se inicia con la llegada del prior Malfaz (1628-1680), catedrático del Colegio San Gregorio
de Valladolid, que con la protección económica de Ana María Velarde de la
Sierra, del vecino pueblo de Viérnoles, y de los
vecinos del valle, comenzaron con las obras del actual Santuario, en 1663,
finalizándose veinte años más tarde. Como curiosidad decir que en este
seminario, a mediados del siglo XIX, precisamente
por el manantial de aguas termales cercano, se construyó un complejo con
baños que en la actualidad está considerado el balneario más antiguo de
Cantabria. Pedro Bustamante viviría la época de reconstrucción del
Santuario y un año después de la fecha de terminación de las obras, marcharía
en 1684 a Vitoria, donde cursa la carrera eclesiástica. En 1692, a petición
suya, es destinado a Filipinas, donde lo fuera también años antes su paisano
y cofrade fray Domingo Pérez.
En 1695 llega a Bangkok y ahí tiene ocasión de conocer la vida y costumbres
del antiguo Siam. En 1697 comienza en el reino de Tunkín en la Gran China una misión, dificultada por la
hostilidad a la cual han de enfrentarse los misioneros cristianos. En el reino de Tunkín se sometía a los religiosos católicos a
sangrientas persecuciones. En un curiosos documento Relación de las persecuciones en el Reino de Tunkín.
del dominíco José M. Morán, se solicita a los
devotos mexicanos ayuda para 'los misioneros Dominícos del reino de Tunkin en al
Asia, que se han lanzado a los mares, expuestos a innumerables trabajos y
peligros: caminaron a los extremos de la tierra, apartándose seis mil leguas
de su nativo suelo. Ellos se han sepultado voluntariamente en las cavernas de
los montes, y viven en la compañía de las fieras. Desde el momento en que dan
el primer paso en el reino dle Tunkin, puede decirse que firmaron la sentencia
de muerte; porque son despedazadas tan luego cmo sean cogidos por los
gentiles. Más adelante añade, animados del celo por la gloria de Dios
y salvación de las almas, se ofrecen voluntarios a tan prolongado martirio.
Están privados para siempre de la sociedad y hasta de la luz del sol; porque
temiendo caer en las manos de los tiranos, por el día habitan en los
subterráneos y prevalidos de las tinieblas, salen por las noches a desempeñar
el ministerio. En el párrafo tercero del citado documento da una explicación
de la llegada dominicana a tan peligroso lugar: En el siglo XVI
conquistadas las Islas Filipinas por las armas de España, acudieron
prontamente los Dominícos españoles y fueron de los que más se distinguieron
en la conversión de aquellas colonias. Pero el cercano imperio de China es
de tan difícil acceso para los extranjeros que jamás ha podido ser
conquistado por ninguna de las naciones europeas. Su odio contra lo
extranjero es tan grande que, en nuestros días, la potencia que se gloria de
ser la Señora de los Mares, no ha podido entrar en relaciones sociales con
sus habitantes, ni penetrar en el interior de aquel imperio. No se aterraron
los valerosos hijos de Domingo con las dificultades que se les ofrecían. Unos
cuantos misioneros dominícos, pobres y humildes, entraron impávidos en aquel
dilatado imperio y predicaron una religión desconocida en aquel país. Nos dejó dos obras; Relación breve del reino de Tunkín, escrita en 1720 y Viaje que hice
desde España a Filipinas el año 1692 de 1721. Sus escritos han permanecido inéditos hasta hace
poco La primera se compone de 17 capítulos y expone sus
conocimientos de los recursos, las instituciones judiciales y políticas, las
ceremonias y cultos religiosos del país. Un año despues
escribiría Viaje que hice desde España a Filipinas el año 1692.
Ambos se plantean como un estudio
ofrecido a sus hermanos de la Orden para que conocieran las dificultades y
peculiaridades de su misión. Se trata de una obra didáctica cuya elaboración está
realizada a imagen y semejanza de los libros de los conquistadores de Indias
y de las relaciones de quienes vivieron los momentos del descubrimiento. Ninguna de sus dos
obras pueden considerarse estudios de erudición, sino más bien el fruto de la
observación cotidiana. Sus obras se caracterizan por el tono sencillo y
familiar, su amenidad junto con el valor histórico del testimonio personal. La "Relación breve del Reino de Tunkín"
se inicia con la situación y particularidades geográficas: clima, agricultura,
pesca, etc. Después pasa a describir a los habitantes y la forma política del
reino, desde la administración de la justicia a la arquitectura y formas de
vida, así como los hábitos más comunes. En la parte final aconseja sobre la
forma de realizar la conquista espiritual de los tunkines.
El "Viaje que hice desde España a Filipinas" es un
relato más misionero sobre las dificultades que encuentra la labor
sacerdotal, aunque también trata de los pueblos que recorre, en especial Siam. Sus escritos poseen viveza, claridad informativa y
meticulosidad detallada. En la segunda obra, mantiene las mismas
características y el religioso narra su expedición con humor y naturalidad. |
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Bibliografía |
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Gran Enciclopedia Cántabra Relación de las persecuciones en el Reino de Tunkín.
P. Fr. José M. Morán, misionero. Impreso en México. 1842 |
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