Emilio Botín Sanz de Sautuola López
Emilio II
Santander, 1903

 

Índice de ésta página

Bibliografía
Biografía


 

 

Su padre Emilio Botín López (Emilio I) decía que en los negocios había que jugar siempre con ventaja, con un as en la manga. La premisa del nieto, Emilio Botín Sanz de Sautuola y García de los Ríos, actual presidente del Banco Santander, es que "hay que devorar antes de que te devoren". Entre el abuelo y el nieto, el viejo Botín, el segundo de la saga solía decir: "Quien da primero da dos veces". Ésta ha sido la marca de la casa. La impronta que, en palabras de sus colaboradores más directos, da prestigio a la entidad del Santander y a la misma familia Botín, convertida hoy en la mayor fortuna de España. Residencias de aristócratas en Cantabria (El Promontorio) y chalés de lujo en Madrid; fincas en Cantabria (Puente San Miguel), Ciudad Real (El Castaño, Santa María, Retama) y Jaén; el Hotel Real de Santander; dos jets privados; una valiosísima pinacoteca (un greco, un zurbarán y un goya...) y varias sociedades en el extranjero son algunas de las posesiones particulares de la saga Botín. Además, el conjunto de la familia controla aproximadamente un 8% del capital del banco, un paquete que en Bolsa vale ahora más de 413.000 millones de pesetas.

Emilio II, murió a los 90 años. Fue presidente del Santander durante 36 años, entre los años 1950 y 1986. Por aquel entonces, la entidad cántabra no había dado aún el gran salto. Se encontraba por debajo del Banesto, del Central, el Hispano y el Bilbao. El Vizcaya, presidido por Pedro Toledo, estaba en la misma órbita de la entidad cántabra y tan sólo superaba al Popular de Luis Valls.

La leyenda de la saga se atribuye a don Emilio el viejo, a quien se le conoce como el aristócrata de las finanzas y de los negocios. En sus 36 años de mandato, dirigió con mano férrea el banco hasta conseguir una identificación casi absoluta entre la familia y la entidad. Quienes trabajaron con el viejo Botín, dicen que, a parte de las dotes de gran negociante, era un gran conversador. César Martínez Beascoechea, entonces secretario general de la entidad, no alcanza todavía a comprender cómo logró convencer a Pablo Garnica para que el Banesto no se comiera al Santander. Todo lo contrario de lo ocurrido ahora, cuando la entidad cántabra ha engullido a Banesto. No menos espectacular fue la batalla que don Emilio II debió librar con los hermanos Serrano Goyría para conservar la supremacía del banco. El viejo no paró hasta quitarles de en medio y llevarles poco menos que hasta la ruina.

La compra del Banco Mercantil fue otra de sus jugadas maestras. Un pulso donde el pez pequeño se come al grande. La operación fue muy comentada en todos los círculos financieros, hasta el punto de que más de un banquero llegó a pronosticar con poco acierto el hundimiento de don Emilio.

Al margen de la agresividad que le caracterizaba, ante todo era una persona muy entrañable, muy emotiva, a quien se le saltaban las lágrimas con mucha facilidad en los entierros. César Martínez recuerda que le vio llorar cuando, en un atraco que se produjo en Madrid, murió el interventor.

A pesar de lo bondadoso y comprensivo que era con los problemas familiares de sus colaboradores, cuando se trataba de defender los intereses del banco se transformaba y no dejaba pasar por alto ningún fallo. No le temblaba el pulso a la hora de cesar a alguno de sus directivos.

El viejo Botín (Emilio II) ha pasado a la historia como la leyenda bancaria. Un aristócrata a la antigua usanza. Tan pronto podía aparecer en verano con un espléndido traje blanco de lino y su bastón ribeteado en plata, como acudir, en invierno, a los consejos de administración con un abrigo al que le delataban las costuras y con los puños totalmente gastados. Es autor de la célebre frase: "Ricos, lo que se dice ricos, somos muy pocos". Otra de sus sentencias predilectas era: "Casi nadie gasta de acuerdo con lo que tiene. Unos viven por encima de sus posibilidades y otros por debajo". La familia Botín ha estado siempre entre los segundos.

El gran olfato para los negocios y los golpes de efecto, los aprendió Emilio Botín II en el Colegio Calasanz de los Escolapios de Villacarriedo, donde ingresó en 1913 con 10 años. En la memoria del curso, Emilio Botín II aparece como el tesorero de la Congregación Infantil, premiado con diploma de segunda clase. Un excelente administrador de las finanzas pero un estudiante regular.

Su madre, doña María, le envió a este colegio interno para que aprendiera humanidades. El centro, catalogado en esos tiempos como un colegio de elite -los internos pagaban unas 500 pesetas por curso- había sido fundado en 1746 por Antonio Gutiérrez de la Huerta y Güemes. Desde el comienzo, se empleaban métodos de educación propios de los escolapios. Ni se usaba la gramática de Nebrija ni los breviarios para estudiar Latín, sino los textos de las escuelas pías.

Aparte de don Emilio, en este mismo colegio estudiaron el poeta León Felipe, el cardenal Luis de la Lastra y Cuesta, el biólogo cántabro Augusto José González Linares y el escritor Lasaga Larreta, entre otros. El 1 de septiembre de 1916 el rey Alfonso XIII y la reina doña Victoria visitaron el colegio. Regalaron una cabeza de rebeco disecada que se conserva en el museo del centro.

La historia del apellido Botín, mucho más enigmático que los Sanz de Sautuola -el otro apellido ilustre de la familia-, no arranca prácticamente hasta los primeros años de este siglo. La propia creación de la entidad bancaria comienza mucho antes, en 1857, todavía sin ningún apellido Botín.

El banco comenzó sin afán expansionista. Se trataba de cubrir las necesidades comerciales que, por aquella época, había en la región. El trigo y todos lo cereales de Castilla tenían que ser embarcados en Santander rumbo a las Américas a cambio de exóticos productos. Ésta fue la razón que llevó a unirse a los comerciantes de la provincia y fundar el Banco Santander.

El 20 de agosto de 1857, la entidad abrió por vez primera sus puertas al público en un local propiedad del Marqués de Pombo, solar que, posteriormente, acogería al Club de Regatas. Deben pasar muchos años y algún que otro incendio, para que, en 1890, el banco se establezca en el número 2 del Muelle, actualmente Paseo de Pereda. El capital social era de cinco millones de reales de vellón (en la actualidad, unos 536 millones de pesetas). Trece personas componían la plantilla del banco. Una vez concluya la fusión del Santander y el BCH, el nuevo portaviones contará con unos activos de 39,8 billones de pesetas, 8.681 oficinas y 106.519 empleados. La entidad tendrá 800.000 accionistas.

Los comienzos no fueron muy boyantes, así lo reflejan las crónicas de aquellos años. Muy pronto perdió el privilegio de emitir papel moneda y quedó reservado con carácter exclusivo al Banco de España. Don Emilio Botín López (Emilio I) el iniciador de la saga no sería presidente de turno hasta 1909. La presidencia era rotatoria, razón por la que su trayectoria bancaria fue mucho más fugaz que la de su hijo y su nieto.

LA CUNA

Como se comentaba anteriormente, el primer apellido ilustre de la familia lo aporta el bisabuelo Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor junto con su hija María, de las Cuevas de Altamira en 1879. Los Sanz de Sautuola heredaron la fastuosa finca de Puente San Miguel. Más tarde, al casarse doña María con Emilio Botín López, el matrimonio fijó su residencia en Puente San Miguel, la que ha sido la cuna de todos los Botín, incluidos los seis hijos de Emilio III. Su abuela mandó construir en 1900 la casa donde el profesor Cartailhac de la Universidad de Toulouse hubo de acudir a disculparse, en 1905, ante doña María por haber cuestionado la autenticidad de las pinturas de Altamira.

A diario, la abuela del actual Emilio Botín recibía en la finca a numerosos lugareños de Puente San Miguel para darles de comer. Quienes la conocieron cuentan que era una persona muy ahorrativa. Todavía recuerdan en el pueblo que cuando el hijo del carnicero le llevaba la carne, la pesaba y si estaba muy justa la devolvía.

En la capilla están enterradas todas las generaciones de los Botín y Sanz de Sautuola. La ermita, construida en los años 60 por el arquitecto Chueca Goitia, ha sido lugar de celebraciones de bodas y bautizos de toda la familia.

En esta finca se encuentran las especies arbóreas más exóticas que uno puede imaginar. Desde una metasecuoya (única en España) que Ana García de los Ríos, esposa de Emilio II de Londres en una sombrerera, hasta cedros dorados, arces negundos, araucarias, tejos de Hokkaido...

El verdadero impulsor del jardín fue Emilio el viejo que sentía tal pasión por el jardín que se ha llegado a comentar que se preocupaba más por sus plantas que por los problemas industriales de la región.

Ésta ha sido una de las asignaturas pendientes de don Emilio y del actual heredero. Los cántabros han pensado siempre que su preocupación por el ahorro le llevaba a despreocuparse de las problemas laborales de la zona.

Inicio

Bibliografía

 

Inicio

Biografía iniciada
03.Marzo.2001

Ultima Actualización
15.Septiembre.2006

 

Si alguien considera que las imágenes o textos que se exponen en esta página vulneran algún derecho no tiene más que enviarnos un eMail y actuaremos en consecuencia.

 

 




Inicio