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1930, Pinocho
Oleo s/lienzo - 100x77 cm.
Col. Particular, Santander
En 1930, Bernardo expone
en el mes de marzo en el Ateneo de Santander. Son un total de treinta obras,
que él agrupa del siguiente modo: Naturalezas muertas (Oriente y Occidente,
Tres objetos y Pinocho), Paisajes (Bajada de la lealtad o Plaza
de los Remedios) y dibujos. Además, y al margen de esta agrupación,
presenta cuatro obras más: Retrato, Desnudo, Aurora y Agapitón.
La prensa apenas hace
referencia a esta muestra de madurez y vanguardia. Su amigo Laureano Miranda
se queja de que la prensa y público, ahora confundida y desconcertada por
este cambio, enmudezca. Esto motiva que Ricardo escriba el siguiente
artículo.
Autocrítica de
Ricardo Bernardo
Artículo de "La Región" - 10.03.1930
"El dodecaedro
conmueve hasta la ternura."
Pietro della Francesca
Don Maximiano G. Venero.
Amigo Maximiano:
Correspondiendo a tu amable invitación, te envío estas líneas intentando
fijar -lo más clarmanente posible- la directriz de mis flechas en las obras
que en el Ateneo de Santander expongo al juicio de mis paisanos.
Acaso alguien -tomando
el rábano por las hojas- se le antoje impertinente esta autodefinición de
intenciones estéticas: espero, sin embargo, que la benevolencia de los
apetentes de estas cosas sabrán perdonarme la plumada en gracia a que yo no
pretendo establecer valores -decir de logros-, sino de propósitos -y éstos-
tengo para mí han de resultar útiles a los demás como punto de partida o
contraste de sus sensaciones.
En rigor, el fin de la
crítica artística no es otro que el captar los supuesto previos en que el
artista se ha apoyado para sus realizaciones.
Quién ahonde más
agudamente en estos complejos será un hombre sensible y -como ser crítico
monta tanto como ser artista- controlando estas aspiraciones dará forma al
postulado de Oscar Wilde: "Ante una obra de arte creará otra obra
de arte" y por ende una corriente estética.
Claro está que no riman
con estas teorías esos críticos al uso -exentos de preparación- nulos de
instinto y tan condenados a lo trasnochado que suelen servirnos como platos
del día las cosas que tiempo han dejado de ser problemas de actualidad en los
centros europeos de vitalidad artística intensa y que llegan a estos buenos
señores en mercancías."
Bástenos, pues de
introito y vayamos al fin que justifique tus deseos.
Expongo un número
reducido de obras -empero- su heterogeneidad dará motivos a sentir los dramas
vividos en sus diferentes partes. Estos pluralismos constitúyenlo Figuras
-Naturalezas quietas, Paisajes y Dibujos.
Entre los primeros
considero el Desnudo como concreción de mis aspiraciones. Una voluntad de
forma -de rotundidad en el volumen- ha controlado su realización. En
cuanto al color he huido de todo lo sexual -buscando la elocuencia racial en
lo austero y sobrio. Si algún lirismo fluye hállase contenido, como lo
restante del "platos" -en cierto orden geométrico. ¿Peregrinaja a
la Italia Mater?. Además de latinos no podemos olvidar que el Caravaggio
engendró a nuestro Españoleto.

1930, Desnudo
Museo Bellas Artes, Santander
Oleo s/lienzo
125 x 85 cm
Tengo para mí que el
verdadero laboratorio para un pintor y donde con más rigor es factible la
aprehensión de sus cualidades o limitaciones técnicas es en la pintura que
con tan malaventura denominan Naturaleza muerta. He pretendido en las mías un
estudio profundo de las calidades materiales de sus componentes y en
estos integrantes huir de los objetos que suelen constituir el odegón que la
generalidad de las gentes consideran bonito. Yo vibro más -siento una mayor
emoción plástica ante un teléfono- una báscula Toledo - un moderno maniquí-
maravillosos de aristas, de calidades nuevas ¡de perfección! que ante los
constituyentes habituales del difunto bodegón.
En lo tocante al color
otorgo la suprema jerarquía de la paleta al negro. Naturalmente que considero
-no como negación- sino como matiz. Con esta limpieza de grises
sucios, apoyado en este trampolín, me he servido para la solidez
arquitectónica en los paisajes, estructurando el color con solidez y pasión
en el acuse de aristas y volúmenes.
Para el impresionismo
todo se convirtió en música; al arte del novecientos acá lo regula un
sentimiento arquitectónico. No puede, por ende, sorprendernos que Theophilo
Gautiér no pudiese digerir nuestro Escorial.
Gautier era un
romántico. Un literato de esta hora -disciplinado en el cubismo- captaría
todo el lirismo contenido por la maravillosa mole en su orgullosa y
displicente geometría. Ocurre que Zurbarán o Juan de Herrera si bien están
más lejanos en el tiempo que el impresionismo o el romanticismo hállanse más
próximos a nosotros en la sensibilidad.
Y como conclusión, en
los dibujos intento conseguir el carácter y volumen simplificando cuanto me
es posible la técnica y tratando que esta sea lo más bella posible.
Un saludo cordial de tu
amigo.
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