Bibliografía
Biografía
Obras
Publicadas
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Este hombre polifacético,
poeta, novelista, editor, galerista de arte, concejal... nació en Asturias en
un pueblecito cercano a Llanes y a los ocho años se
trasladó con su familia a Santander. Es por lo tanto asturiano de nacimiento
pero está considerado como una de la figuras clave en el devenir cultural de
la ciudad de Santander a lo largo del siglo XX. Ha sido concejal del Ayuntamiento
de Santander y Presidente del Consejo Social de la Universidad de
Cantabria pero su presencia en estas páginas se debe a su importancia
como conocedor del arte de vanguardia de la España del siglo XX.
Una hombre de unas vivencias extraordinarias que ha contado en su
grupo de amigos con José María Valverde, Ricardo Gullin,
Pablo Beltrán de Heredia, los pintores Vázquez-Díaz, Cossío
o Llorens-Artigasa,
se ha relacionado con el grupo de Dau
al Set, de Barcelona y trató a Tápies,
Tharrats, Miró, Ponc,
Guixart o Guinovart. También se
relacionó con los integrantes de la Escuela de Vallecas
de Madrid, con Menchu Gal,
García-Ochoa, Álvaro Delgado, Del Olmo, Palencia y a todos cuantos
se reunían en el Café Gijón: Arias, Mallo, Redondela,
Novillo, Caneja... la lista sería interminable.
Pero esta larga lista, junto con su perspicacia natural, le dio la
importante virtud de 'saber en todo momento donde se cocía lo importante',
lo que le llevó a empresas audaces que siempre llegaron a buen puerto. A los ocho años se traslada a
vivir a Santander, territorio literario de sus novelas posteriores. Desde muy
joven comienza a escribir. Es importante pintar la Cantabria donde reside Manuel Arce en su
juventud. Todos la definen como una ciudad de provincias, lo que en lenguaje
llano quiere decir, conservadora, cerrada y llena de prejuicios hacia todo lo
nuevo. El propio Arce, muchos años después, en una entrevista concedida a Fernando Huici
para el diario El País en Julio de 1977 con motivo de los 25 años de la
inauguración de la galería SUR, definió la situación como que la
ciudad 'no respondía. Se vendían poquísimos libros, las exposiciones
pasaban, casi siempre, sin pena ni gloria. Fueron años muy difíciles los
primeros. Pero estábamos llenos de entusiasmo y los amigos, lo escritores,
los pintores, nos alentaban y procuraban ayudarnos. Sólo así pudimos
supervivir al clima tan reaccionario de la ciudad. La gente se carcajeaba de
las exposiciones. Rápidamente se nos vaticinó un fracaso inminente. Hubo
apuesta a que duraríamos seis meses... un año, exponiendo aquellos camelos.
Tristísimo'. Por suerte la ciudad fue cambiando poco a poco posiblemente
por acciones en las que él ha tenido mucho que ver, 'ahora es una nueva
sociedad. El proceso socioeconómico experimentado por el país, unido a la
labor de tantos años de exposiciones -llevamos quinientas- y la atención de
las nuevas generaciones salidas de la Universidad por el arte y la literatura
ha cambiado la mentalidad de la ciudad. De ser una sociedad cerrada y llena
de prejuicios hacia todo lo nuevo, ha pasado a ser una sociedad abierta y
llena de curiosidad hacia todo lo que sea vanguardia. A mí me parece un
milagro. En honor a la verdad hay que señalar que la batalla por el arte se
ha venido dando en Santander desde muchos frentes: la Escuela de Altamira,
con las reuniones en las que participaron Gullón, Ferrant, Westerdahl, Artigas, Cossío, Baumeister, Sartoris, Beltrán de Heredía,
etcétera, en los años 49 y 50, fue el punto de partida. Después la gran
«Exposición Internacional de Arte Abstracto», celebrada en 1953 con motivo
del curso El arte abstracto y sus problemas, organizado por la Universidad
Internacional. Y en años posteriores, los Cursos de arte que se han venido
celebrando en el palacio de La Magdalena. ha pasado a
ser una sociedad abierta y llena de curiosidad hacia todo lo que sea
vanguardia'. Con tan solo diecisiete años
conoce a Julio Maruri, quien lee sus versos y este
le descubre la Generación del 27. Será Maruri quién
le presente en el grupo Proel, impulsores de la revista y colección de
libros del mismo nombre y quien lo llevaría a la tertulia que el grupo
poético y de artistas mantenía en la cervecería “La Mundial”, en la
santanderina calle Somorrostro. Allí comparecían
con disciplina y periodicidad establecida, dirigidos o capitaneados por
Ricardo Gullón, entonces joven fiscal próximo a la
cuarentena, un variable número de variopintos pintores, escritores y poetas,
quienes acogieron al joven con simpatía aunque sin prestarle de momento una
excesiva atención. A pesar de lo cual, y casi desde el mismo instante en el
que acompañado de Maruri el jovencísimo aspirante a
poeta puso pie en la tertulia, fue integrándose en la misma y en su dinámica,
es decir, en las consabidas lecturas poéticas, discusiones, charlas, debates,
intercambios de originales... en otras palabras, en los usos y costumbres
típicos de lo que en aquel momento y en aquella España consistía en gran
medida la llamada vida literaria. Manuel Arce comenzaba así, con la
aceptación tertuliana proelista, su vida casi
oficial u oficializada de poeta. Sus primeros poemas aparecen en
la revista leonesa Espadaña, publicando su primer libro a los veinte años en
la Imprenta de los Hermanos Bedia. Sería el primer
título que saliese del histórico taller. El propio Arce definiría su obra
como que 'hacía una poesía un tanto contestataria; la llamada poesía
social que era social pero no política exactamente. Una poesía que luego fue
tan vituperada. Era una poesía que hoy llamarían 'de la experiencia'. Cosa
que no deja de ser una etiqueta más. Porque de la experiencia del hombre nace
toda obra de arte. De la experiencia, supongo, nace todo lo que se escribe'.
A
través de la publicación 'La isla de los ratones', entra en contacto con los
principales intelectuales de todo el país y de ésta intensa relación nace la
apertura, en 1952, de la Galería de Arte Sur, una de las más influyentes de
Cantabria y que permanecería abierta hasta 1994. No fue fácil tomar esta
decisión porque tanto la familia como los amigos le intentan convencer para
que no lo haga: Santander es una ciudad pequeña y todavía existen las
cartillas de racionamiento, no parece un momento adecuado para la venta de
arte, algo que se puede incluso considerar frívolo Pero Arce sigue adelante y
el 8 de julio inaugura con Benjamín Palencia como invitado a colgar sus
obras. La
importancia de galerías como Sur es para muchos incuestionable en lo
que a la historia de las vanguardias pictóricas del siglo XX.
Particularmente en los difíciles años de la posguerra, el papel jugado por Sur
y otras galerías nacionales es decisivo frente a una administración que no
lograría dar apoyo a un frágil mundo de la creación artística. Además, Sur
fue de las que apostó por lo nuevo y, con mayor o menor éxito, gozó de una
larga vida, algo impensable cuando abrió sus puertas. Es indudable que el
tesón y la firmeza de Arce fue parte del éxito y hoy son muchos los que
aseguran que la existencia del coleccionismo de arte contemporáneo en
Cantabria. El
nacimiento de Sur se puede decir que lo motivó el hecho de que había
desaparecido la oficial Sala Proel, de breve existencia pero que Arce
consideró crucial en relación con el arte de vanguardia de momento. Así que
en julio de 1952, con la inestimable ayuda de Teresa Santamatilde,
por entonces su novia, iniciaron la aventura con una exposición de Benjamín
Palencia. En
lo literario, la trayectoria de Manuel Arce pueda dividirse en dos grandes
etapas definidas por el distinto género que ha cultivado en ellas: hasta
1954, la poesía, con libros hoy imposibles de encontrar, como Carta de
paz para un hombre extranjero (1951) y Biografía de un
desconocido (1954); desde entonces, la novela, con obras casi todas
premiadas y reconocidas por el público, como Testamento en la montaña
(1955), La tentación de vivir (1961) y Oficio de
muchachos (1963). Poesía
y narrativa hay un breve período de tiempo que se solapan. Pero conoce a
Miguel Delibes, que entonces veraneaba en Suances, y este le anima a escribir novela. Así lo
recuerda Arce, 'En una ocasión quiso saber si yo había vivido aquellas
fatídicas noches del Febrero del 41. Y le conté nuestra experiencia familiar.
Al terminar me dijo: -Manolo, tú eres un narrador nato y lo que tienes que
hacer es escribir novela con este tema. Te será facilísimo-. Escribí tres o
cuatro capítulos. Aquello me pareció tan anodino que destruí lo escrito. Sin
embargo dentro de mí había quedado algo que me impulsaba a escribir en prosa.
Y me puse a trabajar en un argumento que me rondaba la imaginación desde
hacía tiempo. Escribí una novela titulada 'Cuatro palmos de tierra'.
Una novela que sigue inédita en una estantería del cuarto trastero y que
nunca he vuelto a leer, pero que dio motivo a que escribiera otra cosa muy
distinta, 'Testamento en la Montaña'. De sus novelas, la preferida es
Anzuelos para la lubina una novela con muchos problemas con el
régimen franquista porque la censura la interpretó de forma errónea como un
ataque a la Iglesia Católica. La novela se prohibió y tuvo que publicarse en
una edición clandestina. Debido a sus quehaceres en la
Galería de Arte que regenta, durante treinta y cinco años ha guardado
silencio editorial sin publicar novela alguna hasta el año 2006 que retomó su
obra creadora con El latido de la memoria con la que, además
ganó el Premio Emilio Alarcos de novela. Una novela
que utiliza la Guerra Civil como trágico telón de fondo. Y es que la Guerra
Civil española, pese a que le cogió solo con ocho años, le ha dejado una
profunda marca, 'En realidad uno escribe sobre lo que piensa. Se escribe
para tratar de comprender las cosas'. A comienzos de 2008 se sabe que
empieza a trabajar en la elaboración de su biografía, un hecho que puede
llegar a ser de vital importancia para conocer la historia cultural del país.
Arce reconoce que su archivo personal puede proporcionar 'una idea
bastante completa del momento histórico y la vida cultural de los años
cincuenta, sesenta y setenta en España'. Un período no demasiado conocido
y lleno de tópicos y prejuicios que la documentación puede contribuir a
matizar. Quienes, como él, fueron no sólo testigos relevantes sino
protagonistas culturales de aquellos años pueden iluminar con su palabra (y
con el material que han conservado) unos años grises o incluso oscuros, pero
sin embargo claros en creación artística. Sería un legado a modo de heredad
que todos le agradeceríamos. |
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Obras Publicadas |
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Poesía |
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1948 |
Sonetos de vida y propia muerte |
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1949 |
Llamada |
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1951 |
Carta de paz a un hombre extranjero. |
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1952 |
Sombra de un amor |
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1953 |
Lettre de paix a un Homme Étranger Pierre Seghers, París (traducción al francés
de sus poemas de 1951 |
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1954 |
Biografía de un desconocido |
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1948/58 |
Antología poética |
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Novela |
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1956 |
Testamento en la montaña. Editorial Destino, Barcelona. Premio Concha Espina
(Torrelavega) en 1955 |
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1958 |
Pintado sobre el vacío. Editorial Destino, Barcelona. Premio |
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1961 |
La tentación de vivir. Editorial Destino, Barcelona |
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1962 |
Anzuelos para la lubina. Editorial Destino, Barcelona |
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1963 |
Oficio de muchachos. Seix y Barral, Barcelona |
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1970 |
El precio de la derrota. Plaza y Janés, Barcelona
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2006 |
El latido de la memoria. Editorial Algaida, Sevilla. Ganador de la VI Edición del Premio Internacional Emilio Alarcos |
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Antologías |
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2006 |
Poesía del medio siglo en Cantabria. Antología: 1950-2000 Biblioteca Cantabria
de Estvdio. |
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Bibliografía |
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La isla de los ratones, de Manuel
Arce I Parte por Juan Antonio
González Fuentes. Ojos de Papel. Enero 2007 Manuel Arce clausura en Juan Silió el ciclo sobre coleccionismo
Guillermo Balbona. El Diario Montañés, 15/12/2007 |
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